El Dodo
La isla Mauricio debe su nombre a aquel conde Moritz por encargo del cual
se apodero de ella el almirante Jaacob Van Neck. El primer Dodo que se conoció
fue el de Mauricio: el dronte. Con una sonrisa disimulada el almirante Van
Neck vio como su amigo y colega el almirante Pieter Willem Verhoeven era mordido
"con enorme violencia" por una de las gruesas aves que estaban allí incubando
en grandes bandadas, y le pareció divertido llevar a Holanda un animal vivo
de patas tan rudas. En julio de 1599 llego a Europa el primer Dodo, seis años
después el segundo, que fue adquirido por el emperador Rodolfo II de Habsburgo
para su colección de animales. Los dos ejemplares se conservaron perfectamente
en estado de cautiverio. Y no solo esto: pronto se transformaron en tema predilecto
de los pintores alemanes y holandeses especializados en animales. Si uno imagina
el aspecto del Dronte, se comprende esta predilección. Era de mayor tamaño
que el pavo, redondo como un saco lleno a rebosar, tenia un enorme pico ganchudo
y patas muy cortas, en la cabeza llevaba una especie de capucha y en la cola
una divertida pluma llorona de color blanco, incubaba en el suelo como el
pingüino, no podía volar y, cuando se daba a la fuga , era tan torpe que tocaba
el suelo con su gruesa panza.
Al principio lo que ocasionó la destrucción de estas aves insulares fue solo
la irreflexión de los primeros descubridores, después la necesidad que los
navegantes tenían de encontrar carne fresca para su sustento, luego la sed
de sangre de varias personas y, por fin, el afán de lucro de los coleccionistas
de especies raras. No solo el hombre hizo una liquidación concienzuda de Drontes,
sino también el ganado que el hombre llevo a aquellos lugares. Los perros
y cerdos de los colonos se comieron los huevos de Dodo, las ratas de los fondeaderos
de los barcos mataron las crías. Cien años después de su descubrimiento no
quedaba en Mauricio ni un solo Dronte. En esta época y por los mismos motivos
se extinguió también el Dodo en la vecina isla de Reunión. Este Dodo fue asimismo
capturado, pintado y descrito por cinco naturalistas. Contrariamente al Dodo
negruzco de Mauricio, era de un color blanco amarillento con el extremo de
las plumas negro. Los cuadros donde se representan "Drontes blancos" son una
de las mayores rarezas de la historia natural; no se conocen restos de huesos.

El famoso dibujo del Dronte de
Roeland Savery
Cuando se supo que las dos especies de
Dodo habían desaparecido, lo científicos se quedaron completamente horrorizados,
pues, aparte de unas ciento veinticinco pinturas y aguafuertes y algunos Drontes
disecados no se poseía nada mas. Pero el susto no duro mucho tiempo. De 1691
a 1693 un colono francés, François Leguat, busco restos de Dodo en las tres
islas... sin resultado por lo que respecta a Mauricio y Reunión, pero con
éxito en la pequeña isla de Rodríguez. Además de Leguat, ningún otro naturalista
vio jamás al solitario; ni uno de ellos fue llevado a Europa ni mucho menos
pintado. No sabemos cuando se extinguió, probablemente hacia fines de siglo
XVIII. Sin embargo, hoy este animal es relativamente frecuente en los museos
y colecciones científicas, pues en posteriores excavaciones en Rodríguez salieron
a la luz una gran cantidad de huesos de solitario y también algunos esqueletos
completos. Los zoólogos buscaron restos del Dronte de Mauricio, pero no encontraron
muchos. Si los pintores del siglo XVI no se hubieran interesado por el Dodo,
hoy nos seria difícil reconstruir este animal. Una cabeza y un pie es todo
lo que queda de la importación de Drontes entre 1599 y 1666. Esta cabeza y
este pie proceden de un Dronte expuesto en Londres hacia 1638 que, naturalmente,
también fue pintado y descrito, por un tal sir Hamon Lestrange. Cuando murió
fue adquirida por el jardinero y coleccionista particular ingles John Tradescant,
quien la mando a disecar y se la llevó a su museo de South Lambeth. Mas tarde
el museo de Oxford se hizo cargo de su colección . Allí, en enero de 1775,
el consejo de administración descubrió el único Dronte que se conservaba en
nuestro planeta e, indignado por el polvoriento pellejo de aspecto detestable,
tomo la decisión de tirarlo. Pero como la cabeza y una de las patas parecía
aun en bastante buen estado, el conservador las salvo de la destrucción. De
no haberlo hecho, hoy aparte de algunos restos de esqueleto en estado semifósil,
no nos quedaría nada mas del "Dodo bobo". Para los zoólogos del siglo XIX
no fue nada fácil determinar que tipo de animal fue en realidad, basándose
en estos escasísimos restos, en ciento veinticinco cuadros y en las insuficientes
descripciones de la época del almirante Van Neck. Pero es aun hoy en día tema
de discusión de los taxonomistas, puesto que en la conciencia humana de el
Dronte no quedó nada más que el dicho:
"Dead as a Dodo" (muerto como un Dronte).
Del libro: "El descubrimiento
de los animales"
De la leyenda del unicornio
hasta la etología
de Herbert Wendt
Editorial Planeta
Excelente libro de divulgación científica, una breve pero interesantísima historia de la zoología que se inicia en la penumbra de los mitos y leyendas, con la búsqueda de los animales que les dieron origen: el unicornio, los reptiles marinos, los dragones etc.
Otros
libros del mismo autor:
"Tras las huellas de Adán",
"Empezó en babel",
"Antes del diluvio".
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